En los últimos años la investigación científica en el campo de la medicina está consiguiendo grandes logros para la humanidad. Uno de ellos tuvo lugar hace unos meses con la presentación del mapa genético humano, crucial para comprender la estructura de un organismo vivo y cómo unas características pasan de un individuo a otro.Estas investigaciones aportan grandes beneficios a la especie humana, puesto que ayudan a la prevención y curación de enfermedades, sin embargo también provocan conflictos morales a la opinión pública y a la propia comunidad científica.
Desde que conocimos a la oveja Dolly, clonada a partir de otra oveja adulta, la alarma se concentró inmediatamente en la posibilidad de trasladar ese procedimiento al hombre. Las condenas morales de esta posibilidad fueron numerosas: desde diversas partes, remitiendo a una valoración prudente y competente el juicio sobre el empleo de este procedimiento sobre los animales, se solicitaron normas de leyes claras y definitivas en lo referente a la clonación humana.
La UNESCO, la Unión Europea, España, el Vaticano, los Parlamentos de Alemania e Italia están en contra de la clonación humana.
Se planteó un dilema: o dar el visto bueno a esa producción, "benéfica", o impedir el avance de la ciencia hacia la victoria sobre enfermedades degenerativas (como la de Parkinson), metabólicas (como la diabetes mellitas con dependencia de la insulina) u oncológicas (como la leucemia).
En realidad, lo que la industria biotecnológica pretende realizar mediante ese tipo de tecnología con fines terapéuticos es una auténtica clonación de individuos humanos. En efecto, no se trata de reproducir células idénticas entre si partiendo de una única célula progenitora, como acontece actualmente en el campo de los cultivos celulares; ni se trata simplemente de producir, con la técnica de la proliferación celular in vitro, tejidos destinados a la implantación (por ejemplo, tejido cutáneo, óseo y cartilaginoso), según los procedimientos de la "ingeniería de tejidos". Con esta técnica se toman del cuerpo humano o animal células capaces de proliferar y generar tejidos en laboratorio, con el fin de sustituir tejidos dañados del cuerpo de un paciente, por ejemplo, a causa de una quemadura grave. En efecto, si se tratara de la reproducción de células o de intervenciones de ingeniería de tejidos, no habría propiamente ninguna dificultad ética para admitir la licitud de esas técnicas.
Las células estaminales multipotenciales ya se sabe que pueden encontrarse también en otros tejidos, y no sólo en el embrión precoz. En efecto, se hallan, entre otros lugares, tanto en el saco vitelino, en el hígado y en la médula ósea del feto, como en la sangre del cordón umbilical, en el momento del parto. Cuando se recocojan células estaminales de embriones o fetos abortados espontáneamente o del cordón umbical, en el momento del parto, no existen particulares problemas éticos. Sin embargo, estas células no serían capaces de dar lugar a la variedad de diferenciaciones celulares que, por el contrario, se pueden lograr en las células estaminales obtenidas de embriones y, por consiguiente, al parecer no satisfacen las exigencias del biotecnólogo, el cual busca células numerosas, vitales y seleccionadas en relación con las solicitudes clínicas. Por eso, la producción de un organismo humano en fase embrional de desarrollo mediante clonación sería considerado una fuente preferencial y una reserva de la que se puede disponer en el tiempo, aprovechando la crio-conservación de ese mismo embrión. Además, los tejidos así obtenidos resultarían histocompatibles con los del donante del núcleo, el paciente mismo; este hecho permitiría superar el problema del rechazo propio de los trasplantes con tejidos "ajenos" al paciente.
Informacion obtenida de:
http://www.delitosinformaticos.com/articulos/99278710226899.shtml
http://www.delitosinformaticos.com/articulos/99278710226899.shtml
Mónica Nebreda Chapero
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